¿Lactancia o Fórmula?

Los beneficios de la lactancia materna están bien reconocidos y documentados: menos riesgo de infecciones, leucemia, diabetes, obesidad… y para las madres lactantes una forma rápida de perder peso, de disminuir las posibilidades de tener cáncer de mama u ovarios. Sin embargo, estas cifras no revelan todas las caras de esta historia. La mayoría de los beneficios son pequeños en número absolutos y no tiene en cuenta a la madre y sus circunstancias personales.
Dar el pecho puede ser una forma maravillosa de abrazar al bebé, pero no es la única manera. De hecho, no significa que por hacer esto ya se es una buena madre. Una buena madre es la que se encuentra descansada, tranquila y comprometida emocionalmente con el bebé. Se siente libre de elegir lo que funciona bien para ella y su familia, para mantener a su bebé tranquilo, contento y calmado y por supuesto sano.
Los profesionales recomiendan normalmente la crianza con leche materna, pero esta recomendación a veces se convierte en una especie de consigna amenazadora: “Si no amamantas a tu bebé, el niño es más propenso a enfermarse; si no amamanto a mi hijo, no soy una buena madre”.
Al igual que los bebés recién nacidos, las mamás también son frágiles y vulnerables y su salud mental puede verse afectada durante el embarazo y el postparto en forma de depresión y ansiedad. Llegado este caso, no será capaz de proporcionar la adecuada nutrición que su bebé necesita para crecer adecuadamente.
A veces, este estado incluso se ve agravado porque la experiencia de la lactancia no es lo satisfactoria que esperaba. Los psiquiatras especializados en atender a mujeres que sufren depresión y ansiedad antes y después de ser madres, están cansados de ver a madres llorosas para las que la lactancia se ha convertido en un martirio: dolores en el pecho y el pezón, continuo bombeo de la leche sobrante, la falta de sueño, ansiedad y sentimientos de remordimiento, todo ello a cambio de hacer lo “correcto” para sus bebés. Y la realidad es que de esta forma no vale la pena.
Olvidarse de que la salud y la felicidad de una madre también es igual o más importante. Parece ser que la tendencia en la actualidad es hacer caso omiso a las necesidades personales e individuales de cada madre en esta campaña exclusiva de “la única nutrición posible es la leche materna”.
Pero no debemos olvidar que esta es una ecuación con dos valores: el bebé y la madre y que si ella tiene dificultades físicas o psíquicas para realizarlo, el vínculo madre-hijo se ve seriamente afectado.
Desde la más temprana edad, los bebés reaccionan ante lo que experimentan. La lactancia materna va mucho más allá de la simple nutrición. Este acto también conlleva el abrazo y la conexión emocional con el bebé para que su desarrollo sea seguro y adecuado. Y esto también puede conseguirse de una forma que no implique la lactancia materna en exclusiva.
Nuestro consejo final es el siguiente: si la lactancia materna funciona para una mujer, adelante. Si no es así, tire la bomba succionadora y pásese a combinar o en exclusividad a la fórmula.

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